Como algunos ya saben, estoy pasando una temporada en tierras argentinas. Hasta ahora han sido dos semanas en BsAs, una verdadera metrópoli europea en Sudamérica. La ciudad es increiblemente grande y llena de contrastes. Al lado de preciosas casas coloniales con puertas de madera talladas se erigen edificios de 15 plantas, y es normal encontrar palmeras tropicales y ficus como árboles urbanos. El lenguaje llama también la atención, y los españoles (o “gallegos”, como dicen aquí) son reconocidos a las dos palabras. Aquí, los filetes se llaman bifes, los extintores matafuegos, las fresas frutillas, y cuando alguien te da su número de teléfono lo agendeas en el celular para podear disquearlo automaticamente (todo con la correspondiente pronunciación de la c/z y de la ll). Eso sí, la mayoría de los porteños que hemos conocido son muy amables, simpáticos, y sobre todo habladores.
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